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¿A qué va Francisco a Fátima? A gritar, actualizar y purificar

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Papa, a Fátima

Los tres objetivos que persigue el Papa en su visita al santuario de la paz

Francisco está muy preocupado por la posibilidad concreta de que estalle una guerra

José Manuel Vidal

Fátima. Porque más que de apariciones, en Fátima hay que hablar de visiones o interpretaciones místicas

Viaje del Papa a Fátima

(José Manuel Vidal).- Fátima es un icono mundial con dos caras. Por un lado, visibiliza las ansias de paz que anidan en el corazón de las personas y de la humanidad. Por otro, evoca misterios ocultos, secretos apocalípticos, visiones terroríficas del infierno y anatemas a las revoluciones comunistas del siglo pasado, pero no a la iniquidad nazi. ¿Qué busca el Papa Francisco en este caleidoscopio religioso y arma de doble filo para la conversión pastoral que promueve?

A mi juicio, tres son los objetivos principales que Francisco persigue en su visita a Fátima. En primer lugar, lanzar un grito de paz desde ese rompeolas con ecos globales. Y es que el Papa está muy preocupado por la paz. Pero no con una preocupación retórica e intemporal, sino como algo concreto y amenazadoramente cercano.

Desde que llegó al solio pontificio, el Papa argentino consagró la expresión de “guerra a pedazos”, para referirse a los conflictos diseminados por todo el planeta, contra los que viene luchando con todas sus fuerzas, implicándose incluso personalmente. Con una oración mundial paró el bombardeo sobre Siria; ofició una oración en el Vaticano con el presidente palestino Abas y el entonces presidente israelí Peres; consiguió un acuerdo entre Raúl Castro y Obama; medió con éxito en Colombia; está haciendo lo propio en Venezuela; paró la guerra en Centroáfrica y hasta podría viajar a Sudán del Sur, para intentar lo mismo.

Pero, ahora, su preocupación no se refiere tanto a estos fuegos localizados, sino a una eventual guerra mundial, que podría hacer saltar por los aires al planeta. De ahí, su premura por rezar a la Virgen de la paz de Fátima. Y desde allí lanzar un grito por la paz, que resuene en los corazones de la gente y mueva a la reflexión a los traficantes de armas. Su autoridad moral mundial se lo permite. Su conciencia se lo impone. Y allí mismo le escucharán más de una docena de jefes de Estado y de Gobierno de diversos países del mundo.

En segundo lugar, Francisco pretende resituar y actualizar teológicamente las apariciones de Fátima. Porque más que de apariciones, en Fátima hay que hablar de visiones o interpretaciones místicas de los pastorcillos, en línea con lo que dijera el propio Benedicto XVI, al interpretar el tercer secreto y hacer una lectura teológica del mismo.

Y, por último, purificar uno de los pulmones de la religiosidad popular más importantes del mundo. Fátima, con sus 6 millones de peregrinos anuales, es, junto a Lourdes (otro 6) y Guadalupe en México (con 15 millones) uno de los santuarios católicos más visitados. Riadas de peregrinos, que acuden a suplicar a la Virgen suerte, fortuna, pero sobre todo curación de sus enfermedades o las de sus familiares más queridos. Un ancla de salvación y de esperanza.

En todos los santuarios y, quizás especialmente en Fátima, se produce esa mezcla de lo sagrado y lo profano. De lo religioso, con decenas de miles de conversiones y confesiones, y de lo comercial, con un negocio crematístico impresionante, que se mueve alrededor del santuario.

Francisco es partidario de la religiosidad popular, que alimenta al pueblo sencillo y lo mantiene cerca de Dios y de la Virgen. Pero también odia el mercantilismo del dios-dinero, asi como la utilización espuria de lo sagrado. Gritar, actualizar y purificar, la tríada de Francisco en Fátima, “peregrino de la esperanza” a los pies de la Virgen y con la ayuda de los tres pastorcillos, que pueblan el imaginario de medio mundo.

 


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